El temporal que afectó a Tucumán durante el fin de semana dejó su impacto más severo en Aguilares, donde la combinación de lluvias intensas, anegamientos persistentes y problemas de escurrimiento golpeó con fuerza a los barrios más vulnerables. En Villa Nueva, el sector más afectado de esa ciudad, el agua ingresó a las viviendas, obligó a levantar muebles, separó familias y generó una angustia que persiste.

La entrada a Aguilares quedó seriamente comprometida por la acumulación de agua y de escombros, lo que dificultó la circulación y evidenció el impacto del temporal sobre la infraestructura urbana. En distintos puntos de la ciudad, el agua permaneció estancada por días, lo que agravó los daños materiales y complicó las tareas de limpieza y de recuperación.

Verónica Lobo, vecina de Villa Nueva, contó que si bien su familia se encuentra bien de salud, su casa sufrió daños importantes. Relató que el agua ingresó tras la tormenta del sábado por la tarde y alcanzó la altura de las rodillas. “Se me mojaron casi todas las cosas”, dijo, y explicó que debió enviar a sus hijas a casas de familiares. La distancia forzada con la más chica, de solo 10 años, fue uno de los momentos más duros. “Ayer fui a verla, después de tres días, y me rompió el corazón; me preguntaba por la casa y por sus juguetes”, dijo.

La situación en su casa se agravó cuando un árbol cayó sobre la tapia del fondo, lo que facilitó el ingreso de una gran cantidad de agua. “Fue impresionante”, describió. Desde ese día, duerme en la galería de la casa, junto a una de sus hijas; su marido debió mudarse a casa de su suegra. “Yo lo necesito todos los días; pero en el trabajo... no sé si no tienen corazón o qué, porque no le permitieron faltar ni un día para que esté aquí”, reprochó.

Verónica aseguró que no es la primera vez que el agua entra a su casa, pero remarcó que nunca había llegado a ese nivel. “Ahora llegó hasta la rodilla”, insistió. Gran parte de la ropa y los electrodomésticos quedaron dañados. “No sé si la heladera anda; le entró agua, y me recomiendan que espere varios días para enchufarla. Lo mismo con el lavarropas”, contó. A pesar de las pérdidas, destacó la colaboración recibida: “estoy muy agradecida a los vecinos y amigos que me están ayudando”.

Inseguridad

La decisión de permanecer en la vivienda, pese a las recomendaciones de gente amiga, está atravesada por el miedo a los robos y por el apego al hogar: “vecinos y familiares son los únicos que me dijeron que cierre todo y que vaya con ellos. Pero este hogar es como un hijo, lo vi crecer desde chica, desde que lo empecé; y realmente no lo quiero dejar. Además, hay gente a la que le gusta levantar lo ajeno, y con la caída del árbol tengo las chapas sueltas. Si me voy no estaré tranquila; tengo miedo de que me saquen las cosas. No voy a dormir”.

El relato de Alberto Gambarte, otro vecino de Villa Nueva, refleja una situación similar. Contó que debió levantar la heladera y trasladar algunos objetos a la casa de su suegra, aunque reconoció que muchas cosas se perdieron. “Dormimos parados; llevamos tres o cuatro noches así”, describió.

Gambarte señaló que el agua no baja como otras veces. “Es la primera vez que nos pasa esto; antes se secaba más rápido, ahora no”, dijo. Desde el sábado, el agua continúa en el barrio, lo que genera preocupación por los riesgos sanitarios y por los peligros de alimañas. “Cuando baje vamos a limpiar y a echar creolina, porque víboras y alacranes deben estar ahí, esperando a que uno pase caminando”, advirtió.

Frente a la emergencia, la respuesta comunitaria fue clave. Vecinos de Aguilares organizaron una olla popular para asistir a las familias afectadas por las inundaciones, una muestra de solidaridad que se replicó en Villa Nueva, donde la ayuda mutua permitió atravesar los momentos más críticos. La iniciativa surgió de un grupo de amigos, vinculados a la comisión de fútbol de la cancha del lugar, que se puso a disposición ante las consecuencias del temporal.

“Somos todos de Villa Nueva, amigos de la niñez. Todos tenemos un familiar o conocido afectado, por eso decidimos organizarnos”, explicó a LA GACETA Juan Gómez, uno de los vecinos que participó del operativo solidario.

En el agro

El impacto del temporal también encendió alertas en el sector productivo. El presidente de la Asociación de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte (Apronor), Hugo Meloni, explicó que las lluvias se dieron de manera despareja en el territorio provincial, y que golpearon con mayor fuerza al sur.

Subrayó que uno de los principales problemas derivados del temporal es el deterioro de las vías secundarias y terciarias. “Los caminos rurales ya venían en mal estado, y con estas lluvias muchos se volvieron prácticamente intransitables. El productor trata de no circular cuando llueve, para no dañarlos más; pero tampoco puede esperar demasiado porque necesita monitorear los cultivos y estar presente en el lote”, explicó.

Respecto de los cultivos, Meloni, precisó que aunque no se registraron pérdidas generalizadas por desbordes, hubo anegamientos puntuales en lotes donde el suelo no logró absorber el volumen acumulado.

De cara a los próximos meses, el ruralista consideró que resulta indispensable que el Gobierno avance con tareas de recuperación vial: “ya pasó la etapa más crítica, que es la siembra; pero ahora vienen las aplicaciones y, a partir de abril o mayo, la cosecha. Es urgente que se pongan manos a la obra con los caminos para evitar problemas al momento de sacar la producción”.

Más allá del señalamiento puntual del sector, en Aguilares, y en las zonas más afectadas por el temporal, esperan que el agua baje para iniciar la limpieza y la recuperación de las viviendas. Mientras, los vecinos resisten, sostenidos por la solidaridad, y con la incertidumbre de no saber cuándo volverán a dormir sin miedo a que el agua regrese.